PRESENTACION
 
Durante casi  dos décadas tuve el privilegio de colaborar con la asociación barcelonesa AIS (Asesoramiento e Información en Socioadicciones, antes “en Sectas”), simultaneando el ejercicio de la Psiquiatría con la atención a familiares de adeptos y ex adeptos de sectas o, como muchos prefieren denominarlas, “grupos de manipulación”.
 
A lo largo de esos años pude historiar concienzudamente numerosos casos, ofreciendo a los familiares y ex adeptos información y asesoramiento, consejos más cargados de voluntad que de ciencia. Realicé asimismo varias “intervenciones”, nombre que actualmente se aplica a lo que, con algunas modificaciones, inicialmente se denominó “desprogramación”.
 
Este trabajo, paralelo al del ejercicio de la Psiquiatría general, exigía un esfuerzo de documentación y estudio de cada uno de los grupos en los que militaban los adeptos. Afortunadamente, buena parte de los casos pertenecían a un limitado repertorio de sectas, precisamente aquellas sobre los que más documentación disponible había.
 
Lo que no era posible era responder a la pregunta que una y otra vez me asaltaba. ¿Cómo podía ser que determinados grupos, y solamente esos grupos, fuesen capaces de inducir cambios tan profundos, sorprendentes y, a menudo, rápidos en quienes se adherían a ellos? Y, ¿por qué eran esos cambios tan similares tratándose de entidades con campos de interés, prácticas y creencias tan dispares?  Obviamente existían diferencias entre grupos católicos, evangélicos, budistas o hindúes. O entre los de orientación religiosa y aquellos orientados a la salud física o mental, el reencuentro con lo supuestamente “natural”, el contacto con los extraterrestres o el enriquecimiento material. Pero, junto a estas diferencias que podríamos denominar “culturales”, surgía un relato repetitivo, homogéneo, y absolutamente intercambiable. Las palabras a las que recurrían familiares y ex adeptos para explicar lo sucedido eran casi siempre y casi exactamente las mismas. Es más, esos mismos cambios parecían producirse también en relación con el ingreso en algunas organizaciones políticas, de corte radical, que comúnmente no habrían sido identificadas como “sectas”. Y lo que resultaba aún más sorprendente es que los “cambios sectarios” podían producirse también tras el establecimiento de una relación afectiva de pareja o la incorporación, a través de la relación de pareja, a una nueva familia.
 
Más allá del mero hecho de su existencia, ¿cuál es el origen y la esencia del fenómeno sectario?, ¿cómo se explica? Modelos teóricos no faltan. Los más citados en la literatura son los siguientes:
  • el del lavado de cerebro (también denominado persuasión coercitiva o control mental)
  • el de la manipulación y el engaño
  • el del totalitarismo (y la renuncia a la libertad a cambio de seguridad).
Ninguno de estos modelos, por distintos motivos, resultaba satisfactorio. 
 
Por su parte, la Psiquiatría parecía haber puesto sus ojos en el fenómeno sectario ya en el siglo XIX, aunque siempre con referencias fugaces y para ponerlo en relación con la enfermedad mental.  Excepcionalmente, algunos psiquiatras norteamericanos mostraron un interés por las sectas algo más focalizado durante la década de los 70 y los primeros años 80, un interés que se reflejó en la celebración de reuniones y en la publicación de algunos libros, varios capítulos en los tratados de Psiquiatría y diversos artículos en las revistas profesionales. 
 
En su conjunto, las diversas aportaciones de la Psiquiatría se agrupan en cuatro grandes áreas temáticas:
  • El sectarismo como un síndrome o enfermedad específico, reconocible por unos síntomas y una exploración psicopatológica propios.
  • El sectarismo como un estado de disociación del campo de la conciencia, semejante al de la personalidad múltiple.
  • El sectarismo como un estado de dependencia patológica, con dinámicas paralelas a las que se producen en situaciones de violencia doméstica o en el síndrome de Estocolmo.
  • Observaciones que sugieren que los enajenados pueden crear sectas y, igualmente, sentirse atraídos por y converger en las mismas (algo que, según se ha afirmado, también les podría suceder a los individuos con un trastorno de la personalidad de tipo paranoide).
 
Es en esta última línea de trabajo en la que me adentré, reuniendo observaciones derivadas de la práctica psiquiátrica con las originadas en la “consulta de sectas”, y atesorando referencias procedentes tanto de la literatura sobre grupos sectarios como material bibliográfico de los propios grupos. Por si fuera poco, el estudio se amplió, casi a la fuerza, a los totalitarismos, los movimientos mesiánicos y los denominados “cultos de crisis”. El material recopilado era como las piezas de un enorme puzzle que había que encajar. Sin embargo, y a diferencia de lo que sucede con los de verdad, las piezas parecían colocarse en su lugar por sí solas, sin excesivo esfuerzo.
 
Este libro, publicado ya en papel por Ediciones Experiencia, es el resultado de varios años de investigación anárquica y perseverante. El lector interesado puede descargarlo en su integridad o por capítulos concretos. Para quien no desee más que conocer las conclusiones, existe la posibilidad de acceder a un resumen.
 
Mi más sincero agradecimiento a María Jesús y a mis hijas, que me sufrieron, y a todos esos amigos que, siempre desinteresadamente, brindaron ayuda y apoyo. 
 
En Madrid, a 13 de Noviembre de 2011.